Laura Fryer, productora de la saga Gears of War y una de las figuras fundadoras del primer equipo de Xbox, ha publicado un nuevo análisis en el que asegura que los recelos que tenía hace 25 años sobre el proyecto se están cumpliendo ahora. Fryer fue parte del equipo original que lanzó la primera Xbox en 2001 y, según explica, ya entonces veía con cautela algunas decisiones de Microsoft en torno al hardware.

El problema, según Fryer: falta de disciplina ante problemas de suministro
El planteamiento central de su análisis es que Microsoft no está lo suficientemente disciplinada para aguantar problemas de suministro a largo plazo en el negocio del hardware de consolas. Fryer sostiene que ese tipo de paciencia y constancia operativa es justo lo que diferencia a un fabricante de hardware que sobrevive décadas de uno que acaba retirado del mercado, y que ya percibía señales de esa falta de disciplina desde los primeros años de la marca.
La intervención de Fryer llega en un momento en el que el futuro del hardware de Xbox vuelve a estar en el centro del debate, con análisis recientes sobre la situación actual de la consola que ya circulaban antes de estas declaraciones, como recogía este mismo sitio en su resumen semanal sobre Xbox y Game Pass. Su perspectiva tiene un peso especial por venir de alguien que vivió desde dentro el lanzamiento de la primera Xbox y los años posteriores de consolidación de la marca frente a PlayStation y Nintendo.
Fryer no detalla en esta intervención medidas concretas que debería tomar Microsoft, sino que plantea su análisis como una advertencia basada en patrones que, según ella, ya se repitieron en el pasado de la compañía. El hecho de que provenga de una de las personas que ayudó a construir Xbox desde el primer día le da un contexto distinto al de las críticas externas habituales sobre el estado del hardware.
Veinticinco años después del lanzamiento de la Xbox original, la marca afronta de nuevo preguntas sobre la sostenibilidad de su negocio de hardware, justo cuando voces que estuvieron presentes en sus inicios, como la de Fryer, vuelven a poner el foco en los mismos riesgos que ya advirtían entonces.